Ese momento en el que sentimos que, a pesar de todo, del pasado, de las lágrimas, de los malos recuerdos, somos y nos sentimos felices.
Porque ser, y estar feliz nunca es lo mismo.
En ese instante eres, estas y sientes la necesidad de abrazar, de gritar, de vocearle al mundo las ganas que tienes de luchar, de ser tú misma.
Dispuesta a querer, y a ser querida.
Susurrándole al silencio que tus llantos ya no serán compañeros.
La música ya no te invade y se deshace, ahora te complementa y se revuelve, te toma y se expande.
El cuerpo empieza a respirar de la locura…
Sucede a veces, aunque dure poco. Porque los días felices, son los que luego, y al final de todo, quedan grabados en la memoria. Quedan dulces en la boca como caramelos infinitos que se derriten en la emoción y el ánimo.
No vale la pena morder el polvo para luego escupirlo.
Si quiera vale la pena hacerse daño a sí mismo inmerso en la culpa.
¿Los fallos? De ellos se aprende.
¿Las lágrimas? Se secan.
¿El dolor? Se olvida.
¿El tiempo? El tiempo es la medicina para el corazón herido…
¿Y los besos? Son alimento para el alma hambrienta.
La naturaleza cíclica del paso elemental y la evolución humana nos hace mirar al presente y levantar cabeza.
Somos nosotros, dueños de cada paso, de cada pisada. Dueños de unas huellas que serán imborrables en el futuro. Dejémoslas pues, lo más cerca posible de la felicidad, para que sea ésta la que el día de mañana nos tatúe el recuerdo de buenos momentos…
miércoles, 1 de febrero de 2012
Tú me das (Antonio Orozco)
Despierto y me inundas con tu noble aroma
pretendes con tiento que me abrace a ti,
te gusta sentir el tacto de mis manos
usando mis dedos para hablar por mi.
Me llevas volando al luthier del sentido
donde las historias cobran forma al fin,
canciones que portan tus dulces caricias
y a veces la rabia contenida en mi.
Tú me das, tú me das, luz en mi oscuridad
tú me das, tú me das, el derecho a soñar
tú me das, tú me das, otra forma de amar
tú me das, tú me das, mi guitarra me lo da.
Envidio tu calma, tu amor y sufrir
alabo la angustia que me haces sentir,
amontono el consuelo, al saber que en silencio
siempre estás ahí.
Adornas las noches del color canela
buscando el encuentro con la soledad,
bordando a destellos hasta aquellos momentos
en que me haces llorar.
Tú me das, tú me das, luz en mi oscuridad …
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